“La Madre Paulina había dado la orden que en la Casa Madre no se debía despedir a ningún pobre sin darle una limosna. Si no era posible entregarle lo que deseaba, que le dieran otra cosa, por lo menos un pedazo de pan. Los necesitados conocieron por experiencia su generosidad y por eso venían muchos con sus peticiones a la portería. Unos cuantos enfermos y ancianos recibieron durante años su almuerzo. Además almorzaron diariamente 30 a 40 en la misma portería y ella se preocupaba de que les dieran alimento bueno, limpio y bien servido y que en invierno lo pudieron tomar en un ambiente agradable. Siempre nos exhorto a ver en los pobres a Jesús; ella los saludaba con reverencia.

Un mendigo que pernoctaba en una choza de pastores, se puso contentísimo cuando la Madre pasó por el camino y él recibió su saludo y dijo: “En todo el mundo no se encuentra semejante dama que saludo tan amablemente a un pobre pordiosero.”

La Madre Paulina siempre tuvo un corazón para los “pequeños”. Una de sus compañeras del viaje a Chile registró: “Los pasajeros de segunda y tercera clase no podían ir a la cubierta de la primera clase. La Rvda. Madre, que pasaba todo el día en cubierta, había hecho amistad con un pequeño pobre, andrajoso y descalzo, hija de emigrantes portugueses, que había subido de la segunda clase, y se paseaba por cubierta de primera clase mientras los pasajeros estaban almorzando. Era conmovedor ver cómo la Rvda. Madre se las arreglaba siempre para guardar algo de la escasa comida que le llevaban a ella, para su pequeña protegida.” (De la Crónica)

Pauline, 10 años, reza la Via Crucis

Una de las preocupaciones mayores de la Sra. von Mallinckrodt era la educación de sus hijos en la fe Católica. Pero tomando en cuenta que el padre pertenecía a la religión Protestante, cumplió con esta tarea con el mayor tacto y reserva. A Paulina le gustaba mucho todo lo relacionado con la fe y manifestaba un profundo amor a la oración ya en sus primeros años.

Un Viernes Santo Paulina quería rezar el Via Crucis en el jardín del Colegio San Leonardo, lo que para las alumnas era muy conocido, su madre quería que se quedara en casa en ese día tan especial para su padre Protestante. Paulina accedió, pero inventó un nuevo plan. Sabía de memoria las imágenes de las estaciones de San Leonardo. Después de buscar a Paulina por algunos minutos, su madre la encontró trepando las escaleras del ático, de rodillas. Su madre la miró interrogante. “Estoy rezando las estaciones,” murmuró su hija de diez años. Su madre se quedó perpleja. Tenía el presentimiento de que Dios tendría un rol muy importante en la vida de Paulina.

(Hna. Agnes Schmittdiel, Paulina von Mallinckrodt)

Pauline, eine leidenschaftliche Tänzerin

Aus Briefen an ihre Großmutter

 

Am Samstag haben die guten Eltern einen Thée dásant gegeben, zu welchem über 150 Personen geladen waren. Wir sind bis gegen 2 Uhr zusammen geblieben, und Mathilde sowohl als ich haben keinen Tanz überschlagen, aber ich kann Dir versichern, dass meine Beine es am Sonntag auch verspürt haben. Den Cottillion tanzte ich mit Herrn Haid, den Hugo wohl von Antwerpen kennt, und dieser dachte, bald wieder dorthin zu gehen. (1831)

Verflossenen Winter bin ich, außer ins Theater, fast gar nicht heraus gewesen, aber in den Fastnachtstagen habe ich tüchtig geschwärmt und das Verlorene nachgeholt. Von allen Seiten sah ich Fastnachtsnarren, und ich konnte nicht allein ernsthaft bleiben. – Montag und Dienstag habe ich mich verkleidet, und zwei Abende hintereinander habe ich getanzt, doch nur bis gegen elf Uhr. In Borchen habet ihr gewiss den Karneval ganz ruhig zugebracht. (1832)

Gut zu wissen / Good to know

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